La galera de Luxe

El comienzo

 

Me han descubierto. En la única explicación de que me hayan enviado aquí, con estos extraños compañeros. No sé cómo me han podido pillar. Lo he hecho todo bien, no había pruebas. Mis comunicaciones con Alemania han sido todas cifradas y he conseguido esconder mi acento…. O quizás alguien de la Firma me delató…. Sé que allí están cayendo cabezas. Muchos harían lo que fuera para salvarse.

Es mejor que deje todo por escrito y que lo guarde en lugar seguro, por si las moscas. En el caso que me detengan puedo utilizarlo como moneda de cambio. No quiero acabar en la cárcel como espía.

Todo comenzó hace tres años en Stuttgart. Yo soy hijo de emigrantes gallegos y pase toda mi infancia y juventud en esta ciudad. Mis padres hablaban una mezcla de gallego y castellano en la casa, pero el idioma en el que estudié fue el alemán. Hice una formación técnica mecánica y a los 22 años entré en Mercedes Benz a trabajar en la cadena de montaje, concretamente encargándome de montar los parabrisas. Fueron unos años tranquilos. Hice amigos en la fábrica y mi vida transcurría entre el trabajo y los Biergarten donde bebíamos buena cerveza alemana y comíamos las mundialmente famosas Bratwurst. Tuve una novia griega del trabajo que finalmente me dejo por un turco que también trabajaba en Mercedes montando neumáticos. Creo que esto me afectó en mi rendimiento y que empecé a beber demasiada cerveza para olvidarla. Mi responsable de área ya me dio un par de avisos y me insinuó que si seguía así me despediría.

Fue entonces cuando apareció Herr Zwartz en mi vida. Cuando me llamarón a Recursos Humanos a mitad de la mañana me dio muy mala espina. Estaba convencido que me iban a despedir directamente a causa de mi mala Leistung (rendimiento). Recuerdo como si fuera ayer. Una atenta secretaria me condujo a una salita sin ventanas que parecía casi a una sala de interrogatorios de la policía. Una mesa y dos sillas de madera, nada más. Me senté nervioso pensando que haría con mi vida tras el despido. Debería buscar un apartamento más barato, o quizás volver a casa de mis padres hasta que me repusiera. Sobre todo, tendría que olvidar a Calíope para siempre y a su maldito turco Omar. Estaba inmerso en mis negativos pensamientos cuando entró Herr Zwartz. Parecía un oficial prusiano, enjuto, con piel cetrina y unos ojos azules que me helaban la sangre. Me habló entonces con una voz suave y meliflua que acentuaba su aire maligno…

  • Herr Xaver, tenía ganas de conocerle…

Mis padres siempre me han llamado Javier en casa, pero en el colegio fui Xaver y posteriormente en el trabajo siempre me llamaban por mi apellido, Vahamonde. No entendí que me llamará por mi nombre de pila en lugar de por mi nombre de familia.  Empecé a sospechar de algo extraño. ¿No me iban a despedir? Herr Zwartz clavo sus ojos en mí y sonriendo dijo.

  • Su responsable de Departamento nos ha comunicado que no se encuentra muy feliz en su trabajo. En nuestro Konzern (consorcio) nos preocupamos por nuestros trabajadores y nos gustaría proponerle un cambio de aires.

Ya está, pensé, me van a poner de patitas en la calle con un cheque en el bolsillo y se acabó. Pero me equivocaba.

  • ¿No le gustaría que le destináramos a un concesionario en el extranjero y que de paso le paguemos un curso de idiomas?
  • ¿Cómo? ¿Es una broma?

No entendía nada. Esto parecía un ascenso en lugar de un despido. Tenía que haber trampa por algún lado.

  • En absoluto Herr Xaver, nos gustaría que trabajara en un concesionario en Bélgica y que de paso aprenda un poco de francés.
  • Si… por supuesto, pero no entiendo. ¿Por qué yo?
  • Digamos que tenemos planes para usted. Pero tiene que ser todo extremadamente confidencial
  • Por supuesto.
  • De hecho, no trabajará en nuestro consorcio sino en la competencia. Le daremos una nueva identidad belga. Se llamará Xaver Van de Bos y su lugar de nacimiento será Eupen, así podrá explicar su acento alemán. Ahora váyase a su casa y prepare las maletas, saldrá en un par de días…. Una última cosa, tome las llaves de su nuevo auto. Entenderá que ya no puede conducir ningún Mercedes más. Las llaves son del único Renault que hay en el parking. En la guantera tiene más información de su misión y un mobil encriptado con el que nos mantendremos en contacto. Aufwiedersehen.
  • Ja wohl, Herr Zwarzt.

 

Me dirigí al parking atónito. Ciertamente solo había un Renault entre cientos de coches alemanes. Un Clio un poco sucio. En la guantera había un dossier con la dirección de un concesionario en el barrio de Molenbeek de Bruselas, una matrícula pagada para una escuela de francés y un pasaporte belga con mi foto y mi nuevo nombre: Xaver Van de Bos.  Sin olvidar un móvil Nokia con su cargador. ¿Quién usa Nokia todavía? Este sería mi medio de contacto. Solo había un número de teléfono en la agenda con el nombre de HZ

Me dirigí a mi casa a preparar las maletas. Una nueva etapa de mi vida comenzaba.

 

Molenbeek, Bruselas

 

El viaje de Stuttgart a Bruselas me tomo aproximadamente 6 horas. Quise hacer un détour y pasar por Eupen, mi nuevo lugar de nacimiento. Hablaban alemán allí, que sorpresa… Parecía un pueblecito del Mosela, nada de especial. Leí en la Wikipedia que fue territorio germano antes de la primera guerra mundial. El señor Zwartz lo había todo bien planeado, así podría explicar mi acento alemán.

En apenas dos horas llegue a Bruselas. Me perdí un par de veces hasta llegar al concesionario de Renault. Afortunadamente que gran parte de la gente hablaba inglés. Mi francés de la escuela es pésimo. Un tal Abselam Abderramán estaba al tanto de mi llegada. Su inglés era peor que mi francés, no obstante, nos pudimos entender. Me acompañó a mi apartamento en la calle de Quatre-Vents, a solo dos manzanas de mi lugar de trabajo. Todo estaba pagado por anticipado. Merci Monsieur Zwartz, usted piensa en todo.

Transcurrieron los días tranquilos y poco a poco me fui aclimatando a la vida en Bruselas. Aunque pronto me di cuenta que Molenbeek era más parecido a Casablanca que a una ciudad europea. Casi todos los clientes que venían al concesionario eran marroquíes. En un principio se extrañaban por mi acento germano, pero la coartada de venir de Eupen coló sin problemas.

 

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